AVISO

AVISO: Todas las historias son inventadas, todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

martes, 19 de febrero de 2013

¡Héroes!

¡No queda Cafeína!

Desde que trajeron a los locos de atar que estamos un poco saturados.

¡Ni proyecto Hidra ni santos Kjones!

¡Estamos en cuarentena y me dejé el café haciéndose mientras iba al baño, y cuando vuelvo ni café ni tarjeta... y cuando rasco mis últimos céntimos va y la Jpta de la máquina se los traga!

Ya ya... luego me dirán lo de la inmortalidad de la conciencia y que tengo que estar calmada... ¡Quién quiere cafeína si me tienen todo el día de los NERVIOS!

Tengo el brazo magullado de tanto pinchazo para los ptos análisis de sangre, otros están todo el rato metidos en la cápsula de rejuvenecimiento celular para ver si se les van las llagas del cuerpo... pero si cuando salen... ¡Están peor! A saber quien la limpia... ¿Es que no se dan cuenta que esto es una epidemia? ¡Al menos podrían separarnos!

A mi todavía no me afectado, bueno, sólo los nervios... había un tarado, que casi me arranca la mano de un bocado... ¡Jopetas! Yo por si acaso llevo el traje... Urtzia también lo lleva, y nos hemos tenido que liar a tortas con algunos... pero si es normal... ¡Se han acabado las golosinas!

Aunque... cada vez la gente está... no se como decirlo... es que dan asquito... parecen llagas supurantes andantes... y si siguen con su mala leche, al final, yo voy a pasar, encefalograma plano que se me acerque, encefalograma plano que me cargo.

Han llegado los de blanco. Estoy buscando una salida por los conductos de ventilación. Todavía no hay movilizaciones, pero voy anticiparme, pues me temo lo peor. El edificio está cercado, pero me conozco bien las instalaciones, pues muchas veces he tenido que escabullirme para evitar confrontaciones con la Jefa.

Urtzia no parece estar afectada, así que acepto apoyo. Hemos decidido bajar al sótano y desde ahí salir por la antigua canalización de agua. No es un sitio aconsejable, pero no aparece en el plano del edificio, pues es una estructura anterior a la edificación de la base de la división. Lo descubrí, cuando me acerqué a la zona de entrenamiento, cuando echaba un vistazo a las tareas de rehabilitación, bajo los cimientos.

Algo gordo está pasando pero lo estamos dejando atrás. Urtzia quiere volver... ¡Qué mania! Le he dicho que no la voy a esperar. Si se queda... ¡Mejor! ¡Menos carga!

Estoy en el laberinto que conforma la canalización de agua, me he metido en un buen lío, pues ante mi, veo que se bifurcan más y más y algunos se empequeñecen. Puedo escuchar el sonido del agua. Hay zonas encharcadas con aguas residuales. El olor es penetrante y nauseabundo, pero me debo dar prisa y seguir avanzando, siento que aunque estoy alejandome, el peligro me persigue.

No me doy ningún descanso. Tengo esa sensación asfixiante otra vez, como si me fuera a morir. Tengo que apartar de mi mente el recuerdo de ese día, pero la sensación, es la misma. Noto mi corazón palpitante en el pecho, mi respiración entrecortada, se me duermen las manos y me flojean las piernas, un sudor frío me recorre la nuca y siento un peso sobre ella. Me tambaleo y creo que voy a perder el equilibrio, pero sigo, estoy maximizando mis últimas fuerzas.

No puedo más, empiezo a pegar puñetazos en el techo, estoy intentando abrir una vía. El techo cede y empieza a caer tierra sobre mi. Aspiro y nado entre la tierra, con la esperanza de encontrarme con el sol. La última capa ha cedido y mi puño ha sido liberado, florece en el exterior, y tras de él, toda yo.

Respiro pesadamente y con avidez, intentando recobrar el aliento. Tengo medio cuerpo desenterrado e intento reptar hasta fuera. Escucho una explosión a lo lejos, el suelo donde yazco se derrumba y vuelvo a caer por el hueco que había excavado para escaparme. No sé cuantas veces llevo diciendo que estoy exprimiendo mis fuerzas, parece que no se terminen, pues todavía tengo aguante para un último intento, mientras vuelvo a ascender por el hueco, escucho corredizas a lo lejos, alguien intenta alcanzarme.

Me arrastro hasta ver la luz del día y me aparto de la zona inestable, busco en el accesorio de mi pierna, un explosivo, lo encesto por el agujero por el que he salido, le doy al detonador y escucho un grito. En unos segundos, de entre el polvo que se ha levantado y los escombros, se dibujan unas siluetas. Me palpo la espalda y desencajo la recortada y las apunto. Kutsuge Ginzburg me exige que no dispare. Por un segundo, lo dudo.

Urtzia aparece detrás de ella, junto a unos cuantos, me ha estado siguiendo con el dispositivo de localización, un día de estos se lo rompo en la cabeza... y cambiará los puntitos centelleantes por brillantes estrellas giratorias y otros puntos... Mete el dispositivo en su bolsa que lleva cargada en el pecho, y luego extrae unos explosivos de TNT y los lanza por el agujero. Kutsuge se me acerca y me indica que haga lo mismo. Me cuestiono su autoridad, pero obedezco.

Ellos quieren volver a las instalaciones, yo creo que es mejor retirarse y armarse, volver cuando estemos preparados. Kutsuge, alega que si no regresamos, los de blanco no podrán contenerlo. Por lo visto los afectados, se están volviendo irracionales y atacan a todo bicho viviente, y todo el que cae en sus manos, se contagia. ¡Cómo para regresar! Le digo que me marcho, que yo así por las buenas no voy a ninguna parte a ofrecer mi vida, que si ellos no la valoran que se vayan ellos... pero yo me largo que no voy a hacer el héroe, para acabar muerta o contagiada... que si no le gusta que me mande al consejo...

Kutsuge despotrica, agarra del brazo a Urtzia, pero ésta se suelta. El resto del grupo se siente dividido, como ya le dije antes a Urtzia, yo no voy a esperar a nadie y empiezo mi camino. Urtzia permanece a mi lado y otros dos se le adhieren.

Mientras los dejamos atrás, podemos escuchar, como Kutsuge comienza a sermonear y dar ordenes a los que quedan, pienso que se van a una misión suicida y tal vez no los vuelva a ver, sobretodo a ella... eso me alegra.

Otra cosa que me alegra... es que parece ser que Kutsuge se ha olvidado de la Mochila... por lo visto tenía que pasar algo de esta índole para que lo dejara estar... dichosa Mochila... como alguien me vuelva a hablar de ella... ¡ME LO CARGO!

martes, 12 de febrero de 2013

¡Vívoras!

No sé muy bien cuanto tiempo estuvimos abriéndonos paso a manotazo limpio. Al final llegamos a una barricada. Urtzia, sacó de su mochila unos explosivos, los lanzó y luego con el detonador, les dio vida. ¡Menudos fuegos artificiales! Podían verse partes amputadas incandescentes, saltando por los aires.

Cuando llegamos a la puerta que había al final de ese corredor de roca, recubrimos los bordes con C-4 y le dimos al temporizador y vimos como la puerta salía propulsada hacia nosotras, sobrevolando nuestras cabezas, hasta quedarse clavada detrás nuestro.

Escuchamos un barullo dentro del hueco que habíamos abierto y empezaron a salir personas armadas en plan kamikaze. Seguimos repartiendo tortas. Urtzia se iba abasteciendo con las armas de los muertos. Yo obté por lo manual, pues quería practicar mi revés.

Ya en la sala, nos quedamos anonadados. ¡Qué laboratorio! Había personas encadenadas por todas partes y su aspecto no era muy amigable, parecían no ser de este mundo, pues sus rostros estaban desencajados, y olían a gato muerto.

Los científicos se rindieron. Por lo visto no quedaba personal armado. Aunque, un hombre que parecía más bien un ejecutivo sacó su pistola y empezó a matar científicos. Lo derribamos, pero no del todo, pues seguro que Kutsuge Ginzburg le querría hacer un par de preguntas.

Abrimos el canal de telecomunicaciones del traje y contacté con la División para que mandaran un equipo. No tardaron ni un segundo, como si los hubiéramos tenido constantemente a nuestras espaldas. Se ocuparon de trasladar a los científicos, recoger muestras, aunque todavía, no se había decidido que hacer con las personas que permanecían encadenadas. Yo les hubiese matado a todos, pero cuando el ejecutivo intentó cargarse a los científicos, lo único que hizo, fue levantar nuestras ganas de mantenerlos con vida.

Allí dejamos al equipo. Cuando salíamos, vimos los coches negros con los trajeados que nos miraron con cara de superioridad. Para nosotros el trabajo había concluido, ya se encargarían ellos de limpiar la mierda.

Fuimos al chino a celebrarlo, con la esperanza que al día siguiente, se hubiesen olvidado de la MOCHILA.

martes, 5 de febrero de 2013

¡Alacranes!

Llegamos al punto que había indicado, y parecía un sitio desierto. Parecía una calera abandonada, pero se notaba que se habían efectuado prácticas de tiro. En este momento me hubiese gustado volver a secuestrar el autobús de las japonesas, pues no me apetecía mucho liarme a tiros sin apenas haber desayunado.

Hacía un poco de sol, pero como iba detrás de Urtzia, apenas me rozaba. No soy muy sensible al clima, y a veces pienso, aunque suene a locura, que poseo una piel impermeable.

Había una trampilla medio enterrada bajo la arena caliza. La desempolvamos y la abrimos, sin tomar precauciones, íbamos a piñón, cargadas de adrenalina, sin miramientos, sólo con la idea de entrar, coger la mochila e irnos por donde habíamos venido.

Bajamos. Escuchamos ruido. De repente visualizamos los fogonazos a lo lluvia de fotones que quería golpearnos. De repente, sentimos los impactos. Seguimos avanzando entre los proyectiles. Nos liamos a mamporros. Pisar cráneos es como pisar huevos, llega un punto que cede la cáscara y la bota se te queda toda pringosa.

No sabía cuanto tiempo iba a durar el escudo, pero el mío estaba bastante afectado. Le di un último impulso con mi energía cerebral. El traje pareció inyectarse y me proporcionó fuerza extrema. Acabé con tres, con una sola patada voladora, algunos dientes, se clavaron sobre las paredes de roca como si fueran impactos de bala. Mientras avanzábamos, seguíamos pisando huevos.

A uno le di un puñetazo que vi mi mano viscosa como se le salía por la espalda. El retroceso fue todavía más asqueroso, sentí como me arañaban sus costillas. El siguiente fue peor, por que al darle un puñetazo en la cabeza, se la arranqué de cuajo y se me quedó enganchada en la mano, y no había manera de quitármela, así que al siguiente le hundí la cabeza con la cabeza del otro, con lo que logré liberarme la mano al resquebrajarse el cráneo.

martes, 29 de enero de 2013

¡Escorpiones!

Lo primero que hizo Kutsuge Ginzburg al verme fue proyectar un puñetazo a mi cara.

Lo que no se imaginaba es que a mi me enviarían al calabozo (eso es lo que no entiendo) y a ella a urgencias.

¡Fue algo instintivo! Con tal mala pata que desencadenó una reacción en cadena en mi cuerpo... le bloqueé el ataque con una llave y claro, le partí el brazo por tres sitios.

¡Todavía resuenan en mis oídos sus berridos! Aunque he silenciado sus correos... Dudo que pueda aporrear el teclado por un tiempo.


¿El motivo de su enfado? La dichosa MOCHILA de Harry Lumley... me va a perseguir hasta la tumba... ¿Qué tendrá dentro? ¿Un Tigretón?

Después de salir del calabozo y deleitarme a base de sanciones... creo que podría empapelar el despacho de Kutsuge con todas ellas... y eso ya es decir... me llamaron para la activación del proyecto Hidra. Pero para ello, tenía que conseguir antes la MOCHILA.

Cuando fui a reincorporarme a mi puesto, ahí estaba Urtzia frente a la computadora, gestionando datos. Estaba estudiando el camino que había seguido la lucecita verde, antes de desaparecer del mapa, y estaba haciendo triangulaciones con datos obtenidos de otras misiones, para ver si encontraba una zona donde pudieran estar la mochila y los que se la llevaron.

Yo paso de gestionar los datos, siempre dejo esa faena para los del laboratorio que para eso están. Pero Urtzia quiere hacerlo ella misma, aunque creo que es de letras, por que cuando me senté a su lado y vi los datos, instintivamente, levanté el dedo y señalé un punto de la pantalla diciendo, es aquí.

Cogimos nuestros bártulos y nos dirigimos a la flota. Urtzia sacó su acreditación y pudimos sacar un vehículo. Estaba un poco cansada de que fuera secuestrando autobuses, pero que iba a hacer... si ya le había cogido el tranquillo.

martes, 22 de enero de 2013

¡Dragones!

En ese momento, sólo me faltaba comprobar si había llegado a tiempo y si Urtzia seguía con vida... o había sido otra pérdida de tiempo como lo de Harry Lumley... Si es que algo me decía que lo que tenía que haber hecho era seguir con mi primer instinto y seguir la maldita mochila... por que al menos el punto verde estaba en movimiento... y el amarillo no... ¡Es lo que podría haber alegado! Pero no se me había ocurrido... podría haber dicho que el punto amarillo sonaba a punto muerto... pero en fin... como iba diciendo...

Aparqué el autobús... y bajé y bueno... las japonesas también bajaron... yo creía que me iban a linchar... por que me estaban siguiendo los pasos muy de cerca... casi podía sentir como la enana y el mastodonte me soplaban la nuca.

Cuando más me acercaba al punto amarillo... vi que nos acercábamos a una nave... en la puerta había dos matones. Les hice una señal de stop a las japonesas y éstas obedecieron como si fuéramos en el mismo equipo. Avancé sigilosamente, y acabé con los dos de la entrada, al primero lo utilicé de escudo mientras el otro me disparaba y al segundo lo disparé con la pistola del otro. En ese momento pensé que las japonesas regresarían al autobús, pero un grupo de cinco, hicieron una avanzadilla, mientras el resto se quedó en la retaguardia. La enana y el mastodonte se armaron con las armas de los cadáveres.

Una vez dentro de la nave, vi que había un grupo reducido de gente, y en un rincón estaba Urtzia que parecía medio muerta, pero todavía estaba viva. No sabía si alegrarme. Las japonesas se escondieron entre las sombras y fueron avanzando hasta el grupo hasta que los tuvieron cercados. La enana se dirigió hacia Urtzia, con la intención de liberarla. Al ver que ya tenían controlada la situación, directamente me senté.

¡No es que necesite ayuda! ¡Si la última vez que alguien me tocó los ovarios... le puse chinchetas en los ojos, a modo de lentillas! Pero esa es otra historia... la de un pobre chico que acabó como HellRaiser pero a lo Chinchetaman...

Es que me hizo gracia... les secuestro el autobús... me lío a hostias con ellas... y asimismo va y hacen el trabajo por mi... ¿será eso cortesía asiática?

Estaba alucinando... si todavía recuerdo el día que secuestré el autobús de la despedida de soltero... pero esos ni se enteraron que lo secuestré... y que pesados se pusieron cuando sólo hacían que pedirme que le hiciera un striptease al novio... con que cara de condescendencia me miraba el conductor del autobús... como diciendo... no tienes ni idea de donde te has metido... y yo mirándole a él... si tu supieras... mientras acariciaba mi colt 45.

Empezó el espectáculo... Las japonesas nos deleitaron con una exhibición de acrobacias, patadas voladoras y fuegos artificiales. ¡Sangre y vísceras! Vi una mano volar delante de mis ojos, un esbirro que intentaba colocarse de nuevo la pierna, otro que escupía todos los dientes... ¡Menudo matadero! ¡Cuántos gritos! El suelo parecía una piscina... incluso, ya hacia el final... parecía una lucha de barro... como se resbalaban... los últimos que quedaban... pisoteando sus propios restos... que pestazo... ¡Qué bien interiorizado tenían lo del reciclaje esas Japonesas! Cualquier cosa servía de arma, la cabeza de uno, el brazo del otro, la pierna del de más allá... pero la mejor de todas... era el miedo... ¡es que las japonesas no dejaron a ninguno vivo!

Finalmente, la enana liberó a Urtzia, y yo sin despeinarme. Encima, Urtzia cuando llegó a mi, estaba... súper agradecida... debía pensar que lo había organizado todo yo por ell¡Aa... aunque si ella supiera...

Al final... acompañamos a las Japonesas al hotel... si es que las pobres estaban perdidas y lo que querían era llegar sano y salvas... ¡Jopetas! Cómo si no supieran cuidarse solas... ¡Qué peligro!

martes, 15 de enero de 2013

¡Moscas!


¡Todavía estaba un poco mosca con Urtzia por lo que había pasado con lo de la mochila!

Urtzia había estado haciendo sorna por que me había hecho la picha un lío intentando trastear el dispositivo de localización adicional.

La niña lo había dejado atrás, por si a ella le sucedía algo, ¡Qué previsora!, mientras iba en busca de la mochila perdida de Harry Lumley...

He de decir, a mi favor, que mi móvil personal... será del cretáceo... pero aún así, conseguí hacer funcionar el maldito trasto negro... Eh?! Eh?! Eh?! sin ningún tipo de ayuda... ¡Y eso que ella no estaba! ¡Qué ella estaba tan perdida como la mochila!

Volví a llamar, por si se volvía a poner la persona que había contestado antes, yo que ya había conectado el móvil desechable, en el trasto negro, tal y como venia indicado, para poder localizar la llamada, pero no hubo respuesta. ¡Jopetas!

Independientemente, en la pantalla, se visualizaban tres puntos. Tal y como me había especificado Urtzia, antes de separarnos, el verde era la mochila, por lo visto estaba en movimiento. El amarillo era Urtzia y el Rojo era el mío, ambos estaban quietos. Bueno, quietos pero parpadeantes. Estábamos en la pantalla, no estábamos en la pantalla, estábamos en la pantalla, no estábamos en la pantalla, que rayante.

Mientras contemplaba la pantalla (con lo que tardo en narrar los hechos parece que me estuve horas cuando en realidad fueron fracciones de segundo) se me pasó por la cabeza ir en busca de la mochila, en lugar de Urtzia Jünger. ¡Joder! Había estado intentando sacar información a Harry Lumley y había sido una perdida de tiempo. ¡Qué sólo quedaba la esperanza de encontrar la maldita mochila! Aunque... ¿Tan importante era esa mochila? ¡Si lo de la mochila fue idea de Urtzia!Además... la mochila y Urtzia estaban en localizaciones distintas. ¡Si es que no sabía que hacer! Si en el fondo... lo de la mochila lo veía más como una brillante excusa para deshacerme de Urtzia, pero sabía que si algo le sucedía a ese pequeño diablo de más de metro ochenta, iban a rodar cabezas, así que no quise tentar la suerte, pues siempre me ha gustado como me queda la cabeza sobre los hombros.

Cuando por fin llegué delante del coche, vi que no me había llevado las llaves, demasiadas cosas en la cabeza... así que sin pensarlo me encontré subiendo las escaleras de un aubús... ¿Quién cojones me iba a decir que eran luchadoras de Judo y que pegaban tortas como panes? ¡Pues ahí estaba yo, enfrentándome a una quincena de japonesas que parecían perros rabiosos a los que les hubieran privado de agua y filetes durante todo el mes! ¡Encima las muy cabronas no respetaban los turnos! ¿Es que no han visto las películas de ninjas? ¡Qué tienen que venir de una en una! Pues no... se abalanzaron sobre mi... con muy mala leche... y las fui apartando de mi torpemente como si estuviera espantando moscas.

Me arrinconaron y me empezaron a morder, estirar del pelo, abofetear, y a mi ya se me estaba empezando a hinchar la vena de la sien así que empecé a repartir leches sin mirar, como tenía la espalda apoyada contra el cristal de la ventana, que de una hostia me quedé sentada, empecé a repartir patadas en sus juveniles caras. Cuando las aparté un poco de mi, me levanté, y por fin, pude sacar, de mi espalda, la recortada que tenía encajonada. ¡Se acabó la guasa!

Al final las japonesas se calmaron, y se quedaron dóciles y sumisas y como sacadas de una escuela de pago se sentaron correctamente en sus asientos. Me dirigí al conductor pero no me dio tiempo de decirle nada, pues huyó como un poseso. Así que me senté en su sitió y conducí hasta el punto amarillo, cada vez la distancia entre el punto rojo y el amarillo se acortaba, sin embargo, llegó un momento, en que el punto verde, desapareció del mapa.

De vez en cuando iba controlando a las japonesas con el rabillo del ojo, por que si de una cosa tenían fama los japoneses era de Kamikazes y no quería que una de ellas me atacara por la espalda mientras conducía, sobretodo una que hacía tres de ellas, que parecía un travesti. Aunque la que estaba a su lado, que era una enana, casi me arranca todos los dientes de una patada.

Casi me trago una farola cuando los dos puntos se solaparon. ¡Por fin había llegado a mi destino! Estaba en una zona industrial que parecía abandonada por que apenas había movimiento, pero tal vez era por que debían ser las dos o las tres de la madrugada. Todo estaba muy oscuro por que la única farola que había, acabó por fundirse tras el golpe, haciendo un zumbido quejumbroso. Apenas se percibía ruido, más bien una especie de ronroneo. Capté la silueta de unos coches aparcados, pero por el aspecto destartalado podrían ser de los obreros del turno de noche o de esbirros mal pagados, o aunque estuvieran bien pagados, coches desechables para persecuciones... ¿Yo que sé? ¿Es que lo tengo que saber todo?

martes, 8 de enero de 2013

¡Gusanos!

Para dominar a alguien tienes que humillarle, pero Harry no parecía avergonzarse, incluso yo diría que estaba encantando de poderme mostrar sus atributos, pero tal vez era la droga que se había tomado. Aunque cuando me preparaba para infligirle dolor, una parte de mí, hubiese deseado hacerle otras cosas, pero son gajes del oficio.


Harry no habló. Todo fue una pérdida de tiempo, aunque una parte de mi, y eso me asusta, acabó disfrutando del proceso. Al principio me costó ponerme en situación, por que por un lapso de tiempo me resultó incluso tentador, pero cuando empecé a operar, ya no era yo misma, si no otra, tal vez sea una forma de justificar mi mala conciencia.


Harry estaba irreconocible, o lo poco que dejé de él, pues el resto rebosaba en un cubo que parecía estar lleno de los desechos de una carnicería, incluso, uno de sus ojos que asomaba de entre sus vísceras, parecía mirarme. No sé por que lo aplasté cerrando mi mano en un puño, pero quizás me molestará la idea de que pudiera estar observándome mientras profanaba su cuerpo.


Por un momento pensé en esperar a Urtzia para que me ayudara con la limpieza, pues no quería cargar con eso yo sola, pero como veía que tardaba, me puse manos a la obra, y sin darme cuenta, en un periquete ya lo había dejado todo limpio, serán los años de experiencia. Todavía recuerdo la primera vez, y las primeras ocasiones, pero como al menos esa rutina ya está integrada en mi, me doy cuenta de que la operativa la realizo casi inconscientemente.


Miré el móvil, temía que mientras había estado absorta en esa tarea, Urtzia hubiese llamado, pero lo que vi fue la hora, la niña llevaba más de tres horas fuera y ni siquiera había dado señales de vida. Empecé a preocuparme. La llamé y quien respondió no fue ella. ¿Quién era? No tengo ni idea, pero todavía estoy intentando descifrar lo que me dijo.


Y en eso estoy. Urtzia se fue a por una mochila perdida y yo a por la perdida de la niña.

martes, 1 de enero de 2013

¡Serpientes!


Cuando por fin había atado un cabo suelto, dejando la habitación como si allí no hubiese pasado nada, va y Urtzia me trae otro. ¿Es que esta chica no descansa?

La última vez que delego algo a esa pequeña descerebrada... pero claro, una se va haciendo mayor y tiene que delegar en sus aprendices... Si es que desde que me la adjudicaron que me paso todo el día deshaciendo entuertos... Pero al menos, ambas seguimos vivas... aunque con ella... nunca sé si seguiré respirando mañana...

Conseguí atrapar a nuestro cazador, el tonto de Harry se debía pensar que Urtzia iba por libre, y a veces es que lo parece, sino fuera que ahora me paso los días siendo la sombra de esa chica... pero si no fuera por eso, no le hubiese detectado... y menos mal que tengo a la niña enseñada por que sino me la drogan y me la torturan y a saber si resiste sin cantar, que la veo como la estrella del coro... que Urtzia, aunque mida su metro ochenta y me saque una cabeza, todavía le falta energía...

Por suerte, cuando Harry creía que la tenía bajo control, no se esperaba que el camarero al que pidió las copas, le iba a dar el cambiazo. Corgi no es que sea uno de los nuestros, pero con lo que nos dejamos allí, más vale que nos cuide, aunque tal vez preferiría que algún día no volviéramos, pero con las reparaciones que le hemos financiado creo que le hemos dejado el bar mejor de lo que estaba cuando lo encontramos. Que cuando tuvimos una de las nuestra en él, tampoco quedó peor de lo que estaba, pero aún así mandamos a alguien.

¡Pero ya me estoy yendo por las ramas!

Todavía no tengo muy claro lo que le pasó a Harry Lumley, tampoco pude sacar mucho en claro, pues fue víctima de su propia droga, así que estaba un tanto incapacitado mentalmente. Cuando me quedé a solas con él, Harry había perdido su maldita mochila no se sabía donde, y Urtzia se había ofrecido a recuperarla, pues le había puesto un dispositivo de rastreo, mientras ella se escudaba entre los dos turistas que la acompañaban. Por lo que me dijo Corgi, Harry se había salido del bar cuando detectó que Urtzia ya no estaba, y los dos turistas se le acoplaron, y entonces fue cuando llegué yo, luego llegó él y finalmente cuando ya le tenía inmovilizado, llega Urtzia y se lía todo, como era de prever.

Estoy pensando en cortarme el pelo, en serio, en una pelea cuerpo a cuerpo, tener el pelo largo es una desventaja, si es que Harry como una niñata tonta, parecía que quería arrancarme la melena, creo que me voy a quedar calva si no me rapo, aunque seguro que encuentran otro sitio de donde agarrarme.

No hubo besos, y eso que nos revolcamos por el suelo y nos tocamos todas las partes. Tampoco hubo ni excitación ni sexo. Si es que íbamos a puñetazo limpio y él casi me arranca la nariz de un mordisco. Cuando por fin noqueé a Harry y vi como caía de rodillas hasta quedar desplomado en el suelo, tuve que esquivar el taburetazo de Corgi, claro que no iba dirigido a mí, aunque me jodió un poco la autoestima, que yo no necesito ayuda para dejar K.O. a alguien. Y si no llego a ser rápida, la que acaba descalabrada soy yo.

Urtzia me ayudó a incorporar a Harry y disponerlo de tal forma que nos fuéramos como si se tratase de dos colegas, llevando al pardillo, que no sabe beber, a cuestas. Pero Urtzia estaba inquieta y me dejó cargando sola a la mole de Harry. Por un momento creí que se iba a desgarrar las vestiduras dando vueltas y más vueltas, a mi ya me estaba exasperando por que no tenía ni puta idea de que cojones quería la niña, pero finalmente compartió conmigo su inquietud, LA MOCHILA.


Es así como después de dejar a la mole en el piso franco (por que no iba a dejar a la niña librarse, con la excusita de la mochila, de ayudarme a cargar con el peso muerto hasta el piso) que nos separamos.


Mientras Urtzia estuvo fuera, tuve unas cuantas palabras con Harry, o más bien balbuceos. Urtzia me había ayudado a desvestirlo e inmovilizarlo en la camilla.