En ese momento, sólo me faltaba comprobar si había llegado a tiempo y si Urtzia seguía con vida... o había sido otra pérdida de tiempo como lo de Harry Lumley... Si es que algo me decía que lo que tenía que haber hecho era seguir con mi primer instinto y seguir la maldita mochila... por que al menos el punto verde estaba en movimiento... y el amarillo no... ¡Es lo que podría haber alegado! Pero no se me había ocurrido... podría haber dicho que el punto amarillo sonaba a punto muerto... pero en fin... como iba diciendo...
Aparqué el autobús... y bajé y bueno... las japonesas también bajaron... yo creía que me iban a linchar... por que me estaban siguiendo los pasos muy de cerca... casi podía sentir como la enana y el mastodonte me soplaban la nuca.
Cuando más me acercaba al punto amarillo... vi que nos acercábamos a una nave... en la puerta había dos matones. Les hice una señal de stop a las japonesas y éstas obedecieron como si fuéramos en el mismo equipo. Avancé sigilosamente, y acabé con los dos de la entrada, al primero lo utilicé de escudo mientras el otro me disparaba y al segundo lo disparé con la pistola del otro. En ese momento pensé que las japonesas regresarían al autobús, pero un grupo de cinco, hicieron una avanzadilla, mientras el resto se quedó en la retaguardia. La enana y el mastodonte se armaron con las armas de los cadáveres.
Una vez dentro de la nave, vi que había un grupo reducido de gente, y en un rincón estaba Urtzia que parecía medio muerta, pero todavía estaba viva. No sabía si alegrarme. Las japonesas se escondieron entre las sombras y fueron avanzando hasta el grupo hasta que los tuvieron cercados. La enana se dirigió hacia Urtzia, con la intención de liberarla. Al ver que ya tenían controlada la situación, directamente me senté.
¡No es que necesite ayuda! ¡Si la última vez que alguien me tocó los ovarios... le puse chinchetas en los ojos, a modo de lentillas! Pero esa es otra historia... la de un pobre chico que acabó como HellRaiser pero a lo Chinchetaman...
Es que me hizo gracia... les secuestro el autobús... me lío a hostias con ellas... y asimismo va y hacen el trabajo por mi... ¿será eso cortesía asiática?
Estaba alucinando... si todavía recuerdo el día que secuestré el autobús de la despedida de soltero... pero esos ni se enteraron que lo secuestré... y que pesados se pusieron cuando sólo hacían que pedirme que le hiciera un striptease al novio... con que cara de condescendencia me miraba el conductor del autobús... como diciendo... no tienes ni idea de donde te has metido... y yo mirándole a él... si tu supieras... mientras acariciaba mi colt 45.
Empezó el espectáculo... Las japonesas nos deleitaron con una exhibición de acrobacias, patadas voladoras y fuegos artificiales. ¡Sangre y vísceras! Vi una mano volar delante de mis ojos, un esbirro que intentaba colocarse de nuevo la pierna, otro que escupía todos los dientes... ¡Menudo matadero! ¡Cuántos gritos! El suelo parecía una piscina... incluso, ya hacia el final... parecía una lucha de barro... como se resbalaban... los últimos que quedaban... pisoteando sus propios restos... que pestazo... ¡Qué bien interiorizado tenían lo del reciclaje esas Japonesas! Cualquier cosa servía de arma, la cabeza de uno, el brazo del otro, la pierna del de más allá... pero la mejor de todas... era el miedo... ¡es que las japonesas no dejaron a ninguno vivo!
Finalmente, la enana liberó a Urtzia, y yo sin despeinarme. Encima, Urtzia cuando llegó a mi, estaba... súper agradecida... debía pensar que lo había organizado todo yo por ell¡Aa... aunque si ella supiera...
Al final... acompañamos a las Japonesas al hotel... si es que las pobres estaban perdidas y lo que querían era llegar sano y salvas... ¡Jopetas! Cómo si no supieran cuidarse solas... ¡Qué peligro!
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