AVISO
AVISO: Todas las historias son inventadas, todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
martes, 15 de enero de 2013
¡Moscas!
¡Todavía estaba un poco mosca con Urtzia por lo que había pasado con lo de la mochila!
Urtzia había estado haciendo sorna por que me había hecho la picha un lío intentando trastear el dispositivo de localización adicional.
La niña lo había dejado atrás, por si a ella le sucedía algo, ¡Qué previsora!, mientras iba en busca de la mochila perdida de Harry Lumley...
He de decir, a mi favor, que mi móvil personal... será del cretáceo... pero aún así, conseguí hacer funcionar el maldito trasto negro... Eh?! Eh?! Eh?! sin ningún tipo de ayuda... ¡Y eso que ella no estaba! ¡Qué ella estaba tan perdida como la mochila!
Volví a llamar, por si se volvía a poner la persona que había contestado antes, yo que ya había conectado el móvil desechable, en el trasto negro, tal y como venia indicado, para poder localizar la llamada, pero no hubo respuesta. ¡Jopetas!
Independientemente, en la pantalla, se visualizaban tres puntos. Tal y como me había especificado Urtzia, antes de separarnos, el verde era la mochila, por lo visto estaba en movimiento. El amarillo era Urtzia y el Rojo era el mío, ambos estaban quietos. Bueno, quietos pero parpadeantes. Estábamos en la pantalla, no estábamos en la pantalla, estábamos en la pantalla, no estábamos en la pantalla, que rayante.
Mientras contemplaba la pantalla (con lo que tardo en narrar los hechos parece que me estuve horas cuando en realidad fueron fracciones de segundo) se me pasó por la cabeza ir en busca de la mochila, en lugar de Urtzia Jünger. ¡Joder! Había estado intentando sacar información a Harry Lumley y había sido una perdida de tiempo. ¡Qué sólo quedaba la esperanza de encontrar la maldita mochila! Aunque... ¿Tan importante era esa mochila? ¡Si lo de la mochila fue idea de Urtzia!Además... la mochila y Urtzia estaban en localizaciones distintas. ¡Si es que no sabía que hacer! Si en el fondo... lo de la mochila lo veía más como una brillante excusa para deshacerme de Urtzia, pero sabía que si algo le sucedía a ese pequeño diablo de más de metro ochenta, iban a rodar cabezas, así que no quise tentar la suerte, pues siempre me ha gustado como me queda la cabeza sobre los hombros.
Cuando por fin llegué delante del coche, vi que no me había llevado las llaves, demasiadas cosas en la cabeza... así que sin pensarlo me encontré subiendo las escaleras de un aubús... ¿Quién cojones me iba a decir que eran luchadoras de Judo y que pegaban tortas como panes? ¡Pues ahí estaba yo, enfrentándome a una quincena de japonesas que parecían perros rabiosos a los que les hubieran privado de agua y filetes durante todo el mes! ¡Encima las muy cabronas no respetaban los turnos! ¿Es que no han visto las películas de ninjas? ¡Qué tienen que venir de una en una! Pues no... se abalanzaron sobre mi... con muy mala leche... y las fui apartando de mi torpemente como si estuviera espantando moscas.
Me arrinconaron y me empezaron a morder, estirar del pelo, abofetear, y a mi ya se me estaba empezando a hinchar la vena de la sien así que empecé a repartir leches sin mirar, como tenía la espalda apoyada contra el cristal de la ventana, que de una hostia me quedé sentada, empecé a repartir patadas en sus juveniles caras. Cuando las aparté un poco de mi, me levanté, y por fin, pude sacar, de mi espalda, la recortada que tenía encajonada. ¡Se acabó la guasa!
Al final las japonesas se calmaron, y se quedaron dóciles y sumisas y como sacadas de una escuela de pago se sentaron correctamente en sus asientos. Me dirigí al conductor pero no me dio tiempo de decirle nada, pues huyó como un poseso. Así que me senté en su sitió y conducí hasta el punto amarillo, cada vez la distancia entre el punto rojo y el amarillo se acortaba, sin embargo, llegó un momento, en que el punto verde, desapareció del mapa.
De vez en cuando iba controlando a las japonesas con el rabillo del ojo, por que si de una cosa tenían fama los japoneses era de Kamikazes y no quería que una de ellas me atacara por la espalda mientras conducía, sobretodo una que hacía tres de ellas, que parecía un travesti. Aunque la que estaba a su lado, que era una enana, casi me arranca todos los dientes de una patada.
Casi me trago una farola cuando los dos puntos se solaparon. ¡Por fin había llegado a mi destino! Estaba en una zona industrial que parecía abandonada por que apenas había movimiento, pero tal vez era por que debían ser las dos o las tres de la madrugada. Todo estaba muy oscuro por que la única farola que había, acabó por fundirse tras el golpe, haciendo un zumbido quejumbroso. Apenas se percibía ruido, más bien una especie de ronroneo. Capté la silueta de unos coches aparcados, pero por el aspecto destartalado podrían ser de los obreros del turno de noche o de esbirros mal pagados, o aunque estuvieran bien pagados, coches desechables para persecuciones... ¿Yo que sé? ¿Es que lo tengo que saber todo?
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