Harry no habló. Todo fue una pérdida de tiempo, aunque una parte de mi, y eso me asusta, acabó disfrutando del proceso. Al principio me costó ponerme en situación, por que por un lapso de tiempo me resultó incluso tentador, pero cuando empecé a operar, ya no era yo misma, si no otra, tal vez sea una forma de justificar mi mala conciencia.
Harry estaba irreconocible, o lo poco que dejé de él, pues el resto rebosaba en un cubo que parecía estar lleno de los desechos de una carnicería, incluso, uno de sus ojos que asomaba de entre sus vísceras, parecía mirarme. No sé por que lo aplasté cerrando mi mano en un puño, pero quizás me molestará la idea de que pudiera estar observándome mientras profanaba su cuerpo.
Por un momento pensé en esperar a Urtzia para que me ayudara con la limpieza, pues no quería cargar con eso yo sola, pero como veía que tardaba, me puse manos a la obra, y sin darme cuenta, en un periquete ya lo había dejado todo limpio, serán los años de experiencia. Todavía recuerdo la primera vez, y las primeras ocasiones, pero como al menos esa rutina ya está integrada en mi, me doy cuenta de que la operativa la realizo casi inconscientemente.
Miré el móvil, temía que mientras había estado absorta en esa tarea, Urtzia hubiese llamado, pero lo que vi fue la hora, la niña llevaba más de tres horas fuera y ni siquiera había dado señales de vida. Empecé a preocuparme. La llamé y quien respondió no fue ella. ¿Quién era? No tengo ni idea, pero todavía estoy intentando descifrar lo que me dijo.
Y en eso estoy. Urtzia se fue a por una mochila perdida y yo a por la perdida de la niña.
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