AVISO

AVISO: Todas las historias son inventadas, todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

martes, 19 de febrero de 2013

¡Héroes!

¡No queda Cafeína!

Desde que trajeron a los locos de atar que estamos un poco saturados.

¡Ni proyecto Hidra ni santos Kjones!

¡Estamos en cuarentena y me dejé el café haciéndose mientras iba al baño, y cuando vuelvo ni café ni tarjeta... y cuando rasco mis últimos céntimos va y la Jpta de la máquina se los traga!

Ya ya... luego me dirán lo de la inmortalidad de la conciencia y que tengo que estar calmada... ¡Quién quiere cafeína si me tienen todo el día de los NERVIOS!

Tengo el brazo magullado de tanto pinchazo para los ptos análisis de sangre, otros están todo el rato metidos en la cápsula de rejuvenecimiento celular para ver si se les van las llagas del cuerpo... pero si cuando salen... ¡Están peor! A saber quien la limpia... ¿Es que no se dan cuenta que esto es una epidemia? ¡Al menos podrían separarnos!

A mi todavía no me afectado, bueno, sólo los nervios... había un tarado, que casi me arranca la mano de un bocado... ¡Jopetas! Yo por si acaso llevo el traje... Urtzia también lo lleva, y nos hemos tenido que liar a tortas con algunos... pero si es normal... ¡Se han acabado las golosinas!

Aunque... cada vez la gente está... no se como decirlo... es que dan asquito... parecen llagas supurantes andantes... y si siguen con su mala leche, al final, yo voy a pasar, encefalograma plano que se me acerque, encefalograma plano que me cargo.

Han llegado los de blanco. Estoy buscando una salida por los conductos de ventilación. Todavía no hay movilizaciones, pero voy anticiparme, pues me temo lo peor. El edificio está cercado, pero me conozco bien las instalaciones, pues muchas veces he tenido que escabullirme para evitar confrontaciones con la Jefa.

Urtzia no parece estar afectada, así que acepto apoyo. Hemos decidido bajar al sótano y desde ahí salir por la antigua canalización de agua. No es un sitio aconsejable, pero no aparece en el plano del edificio, pues es una estructura anterior a la edificación de la base de la división. Lo descubrí, cuando me acerqué a la zona de entrenamiento, cuando echaba un vistazo a las tareas de rehabilitación, bajo los cimientos.

Algo gordo está pasando pero lo estamos dejando atrás. Urtzia quiere volver... ¡Qué mania! Le he dicho que no la voy a esperar. Si se queda... ¡Mejor! ¡Menos carga!

Estoy en el laberinto que conforma la canalización de agua, me he metido en un buen lío, pues ante mi, veo que se bifurcan más y más y algunos se empequeñecen. Puedo escuchar el sonido del agua. Hay zonas encharcadas con aguas residuales. El olor es penetrante y nauseabundo, pero me debo dar prisa y seguir avanzando, siento que aunque estoy alejandome, el peligro me persigue.

No me doy ningún descanso. Tengo esa sensación asfixiante otra vez, como si me fuera a morir. Tengo que apartar de mi mente el recuerdo de ese día, pero la sensación, es la misma. Noto mi corazón palpitante en el pecho, mi respiración entrecortada, se me duermen las manos y me flojean las piernas, un sudor frío me recorre la nuca y siento un peso sobre ella. Me tambaleo y creo que voy a perder el equilibrio, pero sigo, estoy maximizando mis últimas fuerzas.

No puedo más, empiezo a pegar puñetazos en el techo, estoy intentando abrir una vía. El techo cede y empieza a caer tierra sobre mi. Aspiro y nado entre la tierra, con la esperanza de encontrarme con el sol. La última capa ha cedido y mi puño ha sido liberado, florece en el exterior, y tras de él, toda yo.

Respiro pesadamente y con avidez, intentando recobrar el aliento. Tengo medio cuerpo desenterrado e intento reptar hasta fuera. Escucho una explosión a lo lejos, el suelo donde yazco se derrumba y vuelvo a caer por el hueco que había excavado para escaparme. No sé cuantas veces llevo diciendo que estoy exprimiendo mis fuerzas, parece que no se terminen, pues todavía tengo aguante para un último intento, mientras vuelvo a ascender por el hueco, escucho corredizas a lo lejos, alguien intenta alcanzarme.

Me arrastro hasta ver la luz del día y me aparto de la zona inestable, busco en el accesorio de mi pierna, un explosivo, lo encesto por el agujero por el que he salido, le doy al detonador y escucho un grito. En unos segundos, de entre el polvo que se ha levantado y los escombros, se dibujan unas siluetas. Me palpo la espalda y desencajo la recortada y las apunto. Kutsuge Ginzburg me exige que no dispare. Por un segundo, lo dudo.

Urtzia aparece detrás de ella, junto a unos cuantos, me ha estado siguiendo con el dispositivo de localización, un día de estos se lo rompo en la cabeza... y cambiará los puntitos centelleantes por brillantes estrellas giratorias y otros puntos... Mete el dispositivo en su bolsa que lleva cargada en el pecho, y luego extrae unos explosivos de TNT y los lanza por el agujero. Kutsuge se me acerca y me indica que haga lo mismo. Me cuestiono su autoridad, pero obedezco.

Ellos quieren volver a las instalaciones, yo creo que es mejor retirarse y armarse, volver cuando estemos preparados. Kutsuge, alega que si no regresamos, los de blanco no podrán contenerlo. Por lo visto los afectados, se están volviendo irracionales y atacan a todo bicho viviente, y todo el que cae en sus manos, se contagia. ¡Cómo para regresar! Le digo que me marcho, que yo así por las buenas no voy a ninguna parte a ofrecer mi vida, que si ellos no la valoran que se vayan ellos... pero yo me largo que no voy a hacer el héroe, para acabar muerta o contagiada... que si no le gusta que me mande al consejo...

Kutsuge despotrica, agarra del brazo a Urtzia, pero ésta se suelta. El resto del grupo se siente dividido, como ya le dije antes a Urtzia, yo no voy a esperar a nadie y empiezo mi camino. Urtzia permanece a mi lado y otros dos se le adhieren.

Mientras los dejamos atrás, podemos escuchar, como Kutsuge comienza a sermonear y dar ordenes a los que quedan, pienso que se van a una misión suicida y tal vez no los vuelva a ver, sobretodo a ella... eso me alegra.

Otra cosa que me alegra... es que parece ser que Kutsuge se ha olvidado de la Mochila... por lo visto tenía que pasar algo de esta índole para que lo dejara estar... dichosa Mochila... como alguien me vuelva a hablar de ella... ¡ME LO CARGO!

martes, 12 de febrero de 2013

¡Vívoras!

No sé muy bien cuanto tiempo estuvimos abriéndonos paso a manotazo limpio. Al final llegamos a una barricada. Urtzia, sacó de su mochila unos explosivos, los lanzó y luego con el detonador, les dio vida. ¡Menudos fuegos artificiales! Podían verse partes amputadas incandescentes, saltando por los aires.

Cuando llegamos a la puerta que había al final de ese corredor de roca, recubrimos los bordes con C-4 y le dimos al temporizador y vimos como la puerta salía propulsada hacia nosotras, sobrevolando nuestras cabezas, hasta quedarse clavada detrás nuestro.

Escuchamos un barullo dentro del hueco que habíamos abierto y empezaron a salir personas armadas en plan kamikaze. Seguimos repartiendo tortas. Urtzia se iba abasteciendo con las armas de los muertos. Yo obté por lo manual, pues quería practicar mi revés.

Ya en la sala, nos quedamos anonadados. ¡Qué laboratorio! Había personas encadenadas por todas partes y su aspecto no era muy amigable, parecían no ser de este mundo, pues sus rostros estaban desencajados, y olían a gato muerto.

Los científicos se rindieron. Por lo visto no quedaba personal armado. Aunque, un hombre que parecía más bien un ejecutivo sacó su pistola y empezó a matar científicos. Lo derribamos, pero no del todo, pues seguro que Kutsuge Ginzburg le querría hacer un par de preguntas.

Abrimos el canal de telecomunicaciones del traje y contacté con la División para que mandaran un equipo. No tardaron ni un segundo, como si los hubiéramos tenido constantemente a nuestras espaldas. Se ocuparon de trasladar a los científicos, recoger muestras, aunque todavía, no se había decidido que hacer con las personas que permanecían encadenadas. Yo les hubiese matado a todos, pero cuando el ejecutivo intentó cargarse a los científicos, lo único que hizo, fue levantar nuestras ganas de mantenerlos con vida.

Allí dejamos al equipo. Cuando salíamos, vimos los coches negros con los trajeados que nos miraron con cara de superioridad. Para nosotros el trabajo había concluido, ya se encargarían ellos de limpiar la mierda.

Fuimos al chino a celebrarlo, con la esperanza que al día siguiente, se hubiesen olvidado de la MOCHILA.

martes, 5 de febrero de 2013

¡Alacranes!

Llegamos al punto que había indicado, y parecía un sitio desierto. Parecía una calera abandonada, pero se notaba que se habían efectuado prácticas de tiro. En este momento me hubiese gustado volver a secuestrar el autobús de las japonesas, pues no me apetecía mucho liarme a tiros sin apenas haber desayunado.

Hacía un poco de sol, pero como iba detrás de Urtzia, apenas me rozaba. No soy muy sensible al clima, y a veces pienso, aunque suene a locura, que poseo una piel impermeable.

Había una trampilla medio enterrada bajo la arena caliza. La desempolvamos y la abrimos, sin tomar precauciones, íbamos a piñón, cargadas de adrenalina, sin miramientos, sólo con la idea de entrar, coger la mochila e irnos por donde habíamos venido.

Bajamos. Escuchamos ruido. De repente visualizamos los fogonazos a lo lluvia de fotones que quería golpearnos. De repente, sentimos los impactos. Seguimos avanzando entre los proyectiles. Nos liamos a mamporros. Pisar cráneos es como pisar huevos, llega un punto que cede la cáscara y la bota se te queda toda pringosa.

No sabía cuanto tiempo iba a durar el escudo, pero el mío estaba bastante afectado. Le di un último impulso con mi energía cerebral. El traje pareció inyectarse y me proporcionó fuerza extrema. Acabé con tres, con una sola patada voladora, algunos dientes, se clavaron sobre las paredes de roca como si fueran impactos de bala. Mientras avanzábamos, seguíamos pisando huevos.

A uno le di un puñetazo que vi mi mano viscosa como se le salía por la espalda. El retroceso fue todavía más asqueroso, sentí como me arañaban sus costillas. El siguiente fue peor, por que al darle un puñetazo en la cabeza, se la arranqué de cuajo y se me quedó enganchada en la mano, y no había manera de quitármela, así que al siguiente le hundí la cabeza con la cabeza del otro, con lo que logré liberarme la mano al resquebrajarse el cráneo.