AVISO

AVISO: Todas las historias son inventadas, todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

martes, 12 de febrero de 2013

¡Vívoras!

No sé muy bien cuanto tiempo estuvimos abriéndonos paso a manotazo limpio. Al final llegamos a una barricada. Urtzia, sacó de su mochila unos explosivos, los lanzó y luego con el detonador, les dio vida. ¡Menudos fuegos artificiales! Podían verse partes amputadas incandescentes, saltando por los aires.

Cuando llegamos a la puerta que había al final de ese corredor de roca, recubrimos los bordes con C-4 y le dimos al temporizador y vimos como la puerta salía propulsada hacia nosotras, sobrevolando nuestras cabezas, hasta quedarse clavada detrás nuestro.

Escuchamos un barullo dentro del hueco que habíamos abierto y empezaron a salir personas armadas en plan kamikaze. Seguimos repartiendo tortas. Urtzia se iba abasteciendo con las armas de los muertos. Yo obté por lo manual, pues quería practicar mi revés.

Ya en la sala, nos quedamos anonadados. ¡Qué laboratorio! Había personas encadenadas por todas partes y su aspecto no era muy amigable, parecían no ser de este mundo, pues sus rostros estaban desencajados, y olían a gato muerto.

Los científicos se rindieron. Por lo visto no quedaba personal armado. Aunque, un hombre que parecía más bien un ejecutivo sacó su pistola y empezó a matar científicos. Lo derribamos, pero no del todo, pues seguro que Kutsuge Ginzburg le querría hacer un par de preguntas.

Abrimos el canal de telecomunicaciones del traje y contacté con la División para que mandaran un equipo. No tardaron ni un segundo, como si los hubiéramos tenido constantemente a nuestras espaldas. Se ocuparon de trasladar a los científicos, recoger muestras, aunque todavía, no se había decidido que hacer con las personas que permanecían encadenadas. Yo les hubiese matado a todos, pero cuando el ejecutivo intentó cargarse a los científicos, lo único que hizo, fue levantar nuestras ganas de mantenerlos con vida.

Allí dejamos al equipo. Cuando salíamos, vimos los coches negros con los trajeados que nos miraron con cara de superioridad. Para nosotros el trabajo había concluido, ya se encargarían ellos de limpiar la mierda.

Fuimos al chino a celebrarlo, con la esperanza que al día siguiente, se hubiesen olvidado de la MOCHILA.

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