AVISO

AVISO: Todas las historias son inventadas, todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

martes, 5 de febrero de 2013

¡Alacranes!

Llegamos al punto que había indicado, y parecía un sitio desierto. Parecía una calera abandonada, pero se notaba que se habían efectuado prácticas de tiro. En este momento me hubiese gustado volver a secuestrar el autobús de las japonesas, pues no me apetecía mucho liarme a tiros sin apenas haber desayunado.

Hacía un poco de sol, pero como iba detrás de Urtzia, apenas me rozaba. No soy muy sensible al clima, y a veces pienso, aunque suene a locura, que poseo una piel impermeable.

Había una trampilla medio enterrada bajo la arena caliza. La desempolvamos y la abrimos, sin tomar precauciones, íbamos a piñón, cargadas de adrenalina, sin miramientos, sólo con la idea de entrar, coger la mochila e irnos por donde habíamos venido.

Bajamos. Escuchamos ruido. De repente visualizamos los fogonazos a lo lluvia de fotones que quería golpearnos. De repente, sentimos los impactos. Seguimos avanzando entre los proyectiles. Nos liamos a mamporros. Pisar cráneos es como pisar huevos, llega un punto que cede la cáscara y la bota se te queda toda pringosa.

No sabía cuanto tiempo iba a durar el escudo, pero el mío estaba bastante afectado. Le di un último impulso con mi energía cerebral. El traje pareció inyectarse y me proporcionó fuerza extrema. Acabé con tres, con una sola patada voladora, algunos dientes, se clavaron sobre las paredes de roca como si fueran impactos de bala. Mientras avanzábamos, seguíamos pisando huevos.

A uno le di un puñetazo que vi mi mano viscosa como se le salía por la espalda. El retroceso fue todavía más asqueroso, sentí como me arañaban sus costillas. El siguiente fue peor, por que al darle un puñetazo en la cabeza, se la arranqué de cuajo y se me quedó enganchada en la mano, y no había manera de quitármela, así que al siguiente le hundí la cabeza con la cabeza del otro, con lo que logré liberarme la mano al resquebrajarse el cráneo.

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